
He decidido que mi voto en las internas del PRD será para la fórmula de
Ramírez Cuéllar y Rosalbina Garavito por lo que toca a la disputa por la dirección nacional. Lo chistoso es que esto implica volver a apoyar al Movimiento por la Democracia, organización de la que recibí un amable puntapié…hmm. Pero bueno, masoquismos aparte, esta fórmula es la que maneja la propuesta de partido más cercana a mis aspiraciones. Me queda claro que no tienen muchas posibilidades de ganar, en especial si consideramos que su ardor organizado para cambiar al partido es bastante reciente (según recuerdo apoyaron a Leonel Cota contra el solitario Camilo, que ahora vuelve a repetir su candidatura sin proyecto convincente
)…”Hay que cambiarlo todo” es un lema que llega tarde pero es bien recibido por algunos de nosotros.
Hay muchos militantes que se hallan confundidos ante el catastrofismo en boga, difundido con insistencia por los grupos que apoyan al compañero Alejandro Encinas: “Los chuchos son el coco”, “Hay que apoyar al compañero Andrés contra los -
inserte calificativo-”…Es preciso calmar los ánimos ya que, para empezar, en el PRD el que gana una elección no se lleva “carro completo”, en especial si estamos ante una elección competida. Aunque Encinas perdiera la elección, él sería Secretario General, y los grupos que le apoyan tendrían una representación proporcional a su fuerza electoral. Lo mismo aplica a los chuchos, quizá más aún, considerando que muchos de ellos son
apparatchiks profesionales, expertos en convertir las derrotas en relucientes chambas.
Y hablando de grupos, los apoyos que ha sumado el compañero Encinas deberían ser bastante incómodos para alguien “
hecho en la izquierda” que desea recomponer algún asomo de vida estatutaria en el PRD: elementos notorios por sus escándalos de clientelismo, por utilizar a gestores de vivienda para obtener tajada política, en resumen, organizaciones que inhiben la participación del militante libre y que tratan los votos como canicas de feria. Lamentablemente, muchos compañeros ingresaron al PRD en el proceso electoral reciente y se los
chamaquean con el viejo truco del coco y el salvador. Abran los ojos compañeros.
En este contexto desolador, de gran abstencionismo, en donde la participación de contingentes no corporativos en la elección puede ser muy baja, el voto racional y libre debe ser a favor de una propuesta consecuente, de forma que con su representatividad relativa pueda ingresar a las altas esferas burocráticas del partido. Un voto por
Ramírez Cuéllar es un voto a favor de un PRD donde los militantes cuenten, y el estatuto deje de ser la risible letra muerta que hoy es.
El futuro del partido no se juega en las poderosas burocracias partidarias que pelean por un botín. El futuro del PRD, si todavía tiene alguno, se nutre con las propuestas que abanderan aquellos que se hallan lejos del torbellino y la oportuna coyuntura.