martes, febrero 28, 2006

De estafetas y estafas generacionales


Adam Schaff, en “Meditaciones sobre el socialismo”, afirma que es imperativo para los socialistas el trabajo con la juventud. La semana pasada, al asistir a la fundación de una organización dentro del PRD, que revindica la edificación de las bases teóricas y políticas del socialismo democrático, pude constatar un hecho terrible que me ha venido molestando desde hace un par de años: no hay quien nos dé estafeta, no hay quien nos herede de forma organizada la pasión inteligente por la utopía.

Y no es porque falten rucos que se la pasen diciendo que “estuvieron en el 68” o que sigan conservando sus círculos de socialización de esos años, no es que falten los que pegaron muchos carteles en los 70 o que hablaron mucho en asambleas estudiantiles, después de hojear nefastos manuales stalinistas…el problema es que la abrumadora mayoría dejó de leer teoría desde hace 20 o 30 años, perdió el rumbo con la caída del Muro de Berlín (que por otra parte debieron de haber celebrado en vez de lamentar) y convirtió su discurso político en cínicos choros progresistas. Creo que lo que sucedió se resume en una palabra: represión.

Si, represión brutal, desaparecidos, persecuciones, muertos a granel. ¿Quiénes se salvaron de eso en los setentas? pues salvo muy honrosas excepciones individuales, el cascajo: en un extremo, burócratas chambistas que dicen sin pudor que lo que importan son los votos, no los principios (que por otra parte para ellos es el discursito imbécil por “las mejores causas” y en contra de “todo lo injusto”), y en el otro lado tenemos a los que en su impotencia teórica y práctica se convierten sin escalas al culto a la personalidad, sometiéndose a otro ruco encapuchado que les recuerda vagamente su adolescencia, convirtiendo al nominativo étnico de lo “indio” en su nueva versión del “buen salvaje”.

No existe un partido de izquierda en México. Los jóvenes de otras generaciones estuvieron expuestos a la idea de que otra sociedad era posible. El espejismo del capitalismo de Estado en la URSS proporcionaba un referente torcido, pero real, de que había otras formas de vida a la mano diferentes a la cotidiana. Hoy, los jóvenes “yo si quiero ser alguien en la vida” no ven más que el referente dominante y los sueños de movilidad social…de hecho suelen ser extremadamente reaccionarios e individualistas. Los símbolos de revolución de antaño hoy son camisetas para el antro.

Los rucos objetan que hoy se vive un ambiente de libertades “gracias a los sacrificios y luchas políticas de su generación”. Yo soy muy escéptico de que les debamos algo tan importante a esos monos. De hecho sostengo una tesis muy diferente: la represión es síntoma de una debilidad política del sistema dominante. Antes era tan débil el “establishment” que un corte de pelo, una pinta o una canción podían amenazarlo. Puede decirse que no había alcanzado un punto de hegemonía cultural…y si hoy se puede marchar por las calles sin miedo a un balazo, no se debe a las “luchas” supuestas de una generación que se desangró en los pavimentos, se debe simple y llanamente a que el sistema ahora es tan poderoso que puede convertir en mercancía integrada todo discurso político supuestamente contestatario. El sistema tiene hegemonía, en el sentido de Gramsci, y por eso somos “libres” ahora de decir lo que queramos, ya que no se siente amenazado y nadie escucha.

Parece que las generaciones a las que no les cayó el muro de Berlín en la cabeza tendremos que organizarnos casi desde cero. Gracias por nada, rucos militosos.

el cartón es del gran Helguera y fue publicado en La Jornada en año pasado


PD: Hay que recordar que los mineros fallecidos trabajaban por $70 pesos diarios, arriesgando su vida para sacar el carbón de la tierra. Con ese carbón se genera en nuestro país un fuerte porcentaje de la energía eléctrica. Cada que disfrutemos de la electricidad, hay que pensar en los mineros y sus pésimas condiciones de trabajo.

lunes, febrero 20, 2006

Cuatro tonterías sobre la lucha política

Ok. Si se entiende que la realidad no cambia a punta de balazos llega el momento de considerar la lucha política. Pero antes hay que enfrentar con seriedad algunas mistificaciones sobre el asunto, por lo que aquí propongo cuatro ideas difundidas sobre el tema que merecen severos cuestionamientos:

1. “Hay que llegar al poder, desde ahí cambiaremos las cosas”. FALACIA. El poder político-estructural es menos poderoso de lo que comúnmente se cree, y de hecho se encuentra sometido a las circunstancias políticas y culturales que lo hacen posible. Cuando en la arena electoral alguien se encuentra dispuesto a sacrificar toda congruencia con tal de llegar a un cargo de elección popular, cuidado. Su camino para llegar a semejante responsabilidad le condicionará; le formará compromisos y vicios que limitarán su autonomía. Esto no significa que hay que cerrar la puerta a negociación o acuerdos, simplemente hay que entender que transformar la sociedad no es una tarea que se pueda mantener en el congelador indefinidamente, es una tarea viva y constante. El poder administrativo o legislativo es una herramienta útil para un tejido organizativo, pero su capacidad de transformación real depende de realidades cotidianas y colectivas que reproduzca éste en la sociedad.

2. “Lo más importante es tener más votos”. Darle por su lado al electorado significa reproducir las formas de pensar y de actuar vigentes. He visto en mi partido desfiguros increíbles en este sentido, como blanquearse la cara para los carteles en zonas panistas, evitar controversias con el electorado en torno a ciertos temas, darles por su lado a los vecinos en cualquier demanda (por conservadora que pueda ser), mandar brigadas con fenotipos caucasoides a ciertas zonas, etc. etc. La política transformadora no puede ser un diálogo de sordos, pero tampoco puede ser un “darle el avión” al interlocutor para que se vaya igual.

Las doctrinas liberales vulgares en torno a la arena electoral aplauden la maximización de los dividendos y la contención de las pérdidas, en donde los dividendos son los votos, que a su vez se transforman en dinero para las burocracias partidarias en un sistema como el nuestro. Por eso algunos think-tanks del CIDE elogian la supuesta “racionalidad” del "Partido Verde" (sic), por ejemplo, al declinar a cambio de “espacios” su candidatura presidencial a favor del PRI. Sin embargo, si el objetivo es antisistémico en el largo plazo, semejantes estrategias son de hecho irracionales y costosas.

La burocracia del PRD, secuestrada por el pragmatismo liberal de corto plazo, sacrifica la edificación de un proyecto de transformación en aras de acceder a espacios de poder y a dinero público, limitando así su influencia real desde la esfera de la administración pública…y lo “racional” para quien ve la política como un simple negocio, es completamente absurdo en este caso para quien desea transformar la sociedad. Los votos son importantes, pero son un medio, no un fin…y deben ser resultado de un trabajo persuasivo serio, no de un halago fortificante a lo que supuestamente deseamos cambiar.

3. “Vivimos en un sistema de partidos”. FALSO. Hasta eso hay que construirlo todavía. Es más correcto decir que vivimos en un sistema de burocracias partidarias subsidiadas con dinero público, que no rinden cuentas a una ideología ni a sus supuestos militantes, siguiendo en cambio religiosamente las tonterías 1. y 2. Las burocracias maximizan sus ganancias con la postulación de corto plazo, generalmente compitiendo por halagar las opiniones y prejuicios más generalizados entre el electorado. Así garantizan los porcentajes de dinero público que son su modis vivendi. El resultado es que las propuestas políticas se debaten por el centrismo y la ciudadanía percibe que todos los candidatos dicen defender “lo mismo”…abriendo paso a la oferta de caudillos útiles para las burocracias a todos los niveles y despolitizando de hecho a la población. Sobre este tema he venido promoviendo una propuesta concreta desde el año pasado que pueden consultar pinchando aquí.

4. “El poder corrompe y es malo, luchemos para cambiar pero sin luchar por el poder administrativo y legislativo”. De todo el catálogo de ingenuidades que plaga a nuestra pobre izquierda, ésta sin duda se lleva el premio mayor. El poder es mucho más que un cargo potencialmente útil; el poder es un elemento consustancial de toda relación humana…e ignorar su existencia no lo hace desaparecer. Basta observar el triste final del FZLN con sus disputas internas, propias de una corriente perredista de medio pelo, o el culto a la personalidad de Marcos en “La otra campaña”(sic). La construcción de diseños institucionales adecuados a nuestros fines, nos permite administrar ventajosamente esta importante variable social y cultural. Por otra parte, los principales promotores de esta idea no se encuentran en la izquierda antisistémica sino el la cúspide administrativa vigente…si el poder es malo y corrompe, lo que sigue en este sofisma es que lo deleguemos a profesionales y nos mantengamos alejados de la “horrible” política.

Si bien la lucha enfocada exclusivamente a obtener poderes administrativos debe ser irracional para la izquierda, pensar que el dejarle ese campo sin oposición al pensamiento sistémico nos fortalece es igualmente absurdo.

martes, febrero 14, 2006

¿Qué es un empresario?

La burguesía mexicana es una maldición entre los hombres. No conforme con su papel estructural de privatizar riqueza producida socialmente, tienen además mal gusto y placeres abominablemente vulgares…correr coches de lujo en un autódromo, pagar por sexo, confesarse con Onésimo Cepeda, pedir un rescate al erario público para su banco quebrado, y después vender el banco rescatado a Citybank para comprarse cosas fatuas como un castillo en Francia, perseguir periodistas que los acusan de pedofilia, financiar comandos armados para apoderarse de la competencia, robarse terrenos públicos para edificar sus casas, pagar campañas en pro de la honestidad deducibles de impuestos cuando casi todos sus negocios son al amparo del poder y de la mordida, en fin, no le pararíamos.


Pero un señor no solo parece cumplir de forma muy eficiente, a diferencia de la mayoría de sus colegas burgueses, el papel estructural de dueño de medios de producción estratégicos para la sociedad, tiene además un gusto exquisito por el arte y los bienes culturales en general. Y este gusto se da a notar, no en alguna galería secreta junto a una cava surtida…no señoras y señores, la cúspide del buen gusto es entender que todos deben de tener acceso a cosas que son patrimonio de la humanidad, así sea de forma efímera. Y claro, me refiero a Carlos Slim, que tiene la colección de esculturas de Rodin, según creo, más grande del mundo. Y puso algunas de sus piezas más famosas en una plaza pública atrás de la torre Latinoamericana, para que doña Adela, que venía del mercado camino a su vecindad, pudiese llenar los ojos de lágrimas inexplicables al estar expuesta a un placer estético, que hace parecer a los ferraris que corren los juniors en el Autódromo lo que son, chatarra costosa.

Hace unos tres años le hicieron una entrevista a Carlos Slim del estilo adulador que caracteriza a revistas como “Emprendedor”; le preguntaron “¿Qué es para usted un empresario?”. Y yo me hubiese esperado que respondiera alguna cosa ramplona o cínica, al estilo de Luis Pazos…algo como “el generador de riqueza, el que hace que todo pase etc…” pero no, de hecho, con conciencia o sin ella, articuló en términos totalmente marxistas la respuesta: “El empresario es el administrador temporal de la riqueza socialmente producida”.

Por supuesto, podemos decir que es un administrador muy chistoso, porque se queda con la mayor parte de lo que supuestamente administra…es una especie de CEO super-engordado con accionistas pobres. Esto es cierto, pero lo que creo que quería decir Carlos Slim era que para él ser empresario es una responsabilidad fuerte. Y eso, independientemente de su papel estructural obvio y de que creció al amparo del poder público, hace que podamos decir que por lo menos cumple bien con el papel marcado idealmente para su clase en el programa vigente.

sábado, febrero 11, 2006

Cuarto tonterías sobre la lucha armada

En la foto(APN) se ve a una pareja de partisanos en 1944, de los héroes anónimos que le hicieron la vida desagradable a los nazis mientras huían del Ejército Rojo, durante una abominable guerra de verdad. Hoy, la glorificación ingenua de la lucha armada me produce reacciones alérgicas. Con los cerebros sobrecalentados con lecturas de hazañas guerrilleras, nunca faltan los apologistas de la clandestinidad como apuesta para transformar la sociedad. He aquí mi opinión de cuatro de sus “argumentos” más conocidos:

1. “La gente toma las armas de forma organizada cuando se ve orillada a hacerlo por sus condiciones de vida aberrantes”. ERROR. Si se analiza a profundidad la génesis de los movimientos armados, sus cuadros dirigentes provienen de los sectores medios de sus contextos de parto. Desde maestros rurales y pequeños propietarios, pasando por empleados de todo tipo relativamente acomodados hasta pequeña burguesía urbana. De hecho, condiciones de extrema pobreza garantizan mayor cantidad de actores adversos al riesgo: entre menos tienen que perder, más conservadores se vuelven los sujetos, ya que cualquier desequilibrio en su vida cotidiana compromete la subsistencia. El lugar común de que los más desfavorecidos “no tienen cosa alguna que perder” es eso, un lugar común patentemente imbécil. El peor enemigo potencial de los aprendices de revolucionarios es precisamente el proletariado que sueñan “redimir”, plenamente comprometido con los valores de la sociedad vigente y sus quimeras.

2. “Las acciones armadas deslegitiman al sistema y animan a la población a transformarlo”. Hmmm, de hecho sucede todo lo contrario, en especial en sociedades con democracia formal. Las acciones armadas sirven de pretexto para endurecer políticas de represión, y predisponen negativamente a la mayor parte de la gente, que como ya dijimos, es conservadora y adversa al riesgo. El terrorismo únicamente sirve a quienes obtienen ganancias de una política policial. Por lo anterior es sabido que gobiernos represivos “administran” grupos armados supuestamente antisistémicos. Después de una acción armada de algún grupito raro, la primera pregunta debe ser “¿A quién beneficia esto ahora?”.

3. “La guerrilla es la vanguardia de una revolución”. Otro ejemplo éste de inversión de términos. En realidad, las acciones guerrilleras JAMÄS han sido vanguardia de cosa alguna en la historia de la humanidad, si acaso su franca retaguardia. Los movimientos sociales exitosos que han tomado el poder por vía violenta NO COMENZARON POR AHÍ, y fueron la culminación de grandes procesos históricos, culturales y políticos, como por ejemplo la Revolución Cubana o la Revolución Mexicana. La noción de que un grupito de gente puede inventarse desde alguna casa de seguridad la Historia carece de cualquier rigor científico.

4. “Los guerrilleros son gente desinteresada e idealista que lucha por causas altruistas”. Despierten. El abanico de perfiles que ingresa a un grupo armado es tan variado como la sociedad que le nutre. Preadolescentes perturbados que quieren encajar en un grupo de mayores, profesionistas suicidas, delincuentes prófugos, universitarios dogmáticos, niños sin hogar, estudiantes confundidos, jóvenes aventureros, mercenarios, expulsados de comunidades, propietarios agrícolas que se sienten despojados o en riesgo de serlo, etc. etc., y todos tienen razones específicas para su militancia que deben ser analizadas por separado.

No voy a tener el descaro de afirmar que soy pacifista, pero me enferma la ingenuidad, la falta de proyectos realmente antisistémicos detrás de la romántica verborrea pro-guerrillera. La mejor forma de cambiar las cosas en una sociedad con democracia formal es de forma abierta y dentro de ésta, no a sus espaldas. Y sobre todo, estudiando muchísimo.

sábado, febrero 04, 2006

Relato ficto: El campamento

-¡Ríndanse guachos!-
Pero no lo hicieron…un estruendo de gritos y disparos tejió un remolino cerrado en torno de mi cuerpo. Me aprisioné los oídos mientras me acurrucaba contra la tierra…boca abajo contra una piedra que me parecía cada vez más pequeña. No tenían oportunidad alguna. La brecha era estrecha y en esos años no tenía pavimento…era un simple camino lodoso entre dos cerros. Doce hombres atrapados entre un jeep con un árbol caído encima y un vehículo “comando” con llantas ponchadas y los sesos del conductor en el parabrisas. Sin embargo yo tenía miedo…terror, como si esos soldados pudieran de alguna manera escalar invencibles y matarnos a todos.

-¡Chinguen a su madre! ¡Viva México!-
El patetismo del sargento primero, allá abajo en el tiro al blanco, quizá debió de hacerme reír, pero en realidad me puse a llorar…-para colmo ha de ser honesto ese güey-, y en efecto, como después comprobamos, los guachos no sabían que transportaban una “gratificación” en centenarios para el general Zavaleta de parte del Chivo Lencho, quien no quería que fumigaran sus plantitas, ni que le pusieran un retén militar en su camino.

-¡Compañero bájate! ¡De volada! ¡Ándale pendejo!- El pendejo naturalmente era yo. Entre el espanto inicial y el desconecte obligado, ni me di cuenta de que el fuego había cesado. La compañera Eugenia me había estado gritando por casi dos minutos…Por poco hago un agujero en el suelo donde me escondí como queriendo ser tragado por el monte. Cuando me incorporé recuerdo el curioso sentimiento de ser una pieza desprendida de un rompecabezas, -mañana me compro uno chido en la Comercial-, razoné juiciosamente, mientras bajaba hasta el lodo encharcado. No daban señales de vida…había ocho en semicírculo, contorsionados en posturas que me recordaron de forma absurda al “hombre elástico”. No me fijé demasiado en ellos, de forma obscura lo sabía, ya bajaba tras de mí Aurora, la sanitaria de la columna, para ver si alguno se podía salvar. Yo recogía las armas y los cartuchos, apilándolas frente al jeep triturado…
-Dos guachos se nos pelaron mi comandante, andan ganando pa´ Atoyac-
-Cargan con uno herido…van lento-
-¿Los seguimos?-
-Primero ¿todos están bien? ¡conteo! ¡conteo!-

Ya bajaban los demás, ya contaba las cabezas el comandante Marlon (qué mamón apodo ¿no?). Los catorce estábamos sin rasguño, bueno, contándome a mí quince, pero yo todavía no contaba. Y de los guachos, pues ocho fríos en su necedad, tres huidos sin armas, y falta uno…-No, ahí está- dijo la compañera Sonia, señalando con el índice el desastre tumefacto sobre el volante del “comando”. Yo iba a protestar…clarito pude ver que había 12 después de que la emboscada se inició con la muerte del conductor, no antes. Pero ni me dejaron hablar, además, el teniente Sandino había abierto una caja metálica llena de fulgores dorados dentro del vehículo, y todos se amontonaron alrededor, dejándome junto al tesoro que yo había apilado con esfuerzo y que nadie parecía apreciar ahora. Despechado, caminé detrás del tronco caído y ahí estaba él, envuelto en un halo confuso de pólvora e intestinos. -Hoy es mi cumpleaños-, le dije sin pensar. El sargento primero caído me extendió su M1 con una sonrisa extraña.

Ya tenía 14 años.
Regresé después de un par de días a México.
-¿Cómo te fue en el campamento escolar hijo?- me preguntó por costumbre mi padre enfermo.-Bien.- evadí como siempre, y me encerré en el cuarto de azotea para acabar el nuevo rompecabezas. Creo que todavía lo tengo en algún baúl guardado.